CARNAVAL, CON O SIN GOMA

Han llegado los carnavales, ya sabéis de qué va esto, que las chicas se visten de chicos con bigote y los chicos de chicas exagerás’, y ale a echarse unas risas a la calle.
Bueno, cierto es que en algunos sitios se lo toman más en serio, y ponen unos trajes que son una barbaridad a una persona que apenas se ve entre tanto adorno, plumas, cosas que brillan, más plumas, ahora más cosas plateadas… bueno bueno, que por lo visto el disfraz pesa como cinco veces la persona que lo lleva, y claro, menuda gracia, si no hay más que ver la cara que tiene, una sonrisa forzada, que se nota que es forzada porque la pone y es capaz de tenerla igual, sin hacer un simple gesto y sin mover un solo músculo durante tres horas y cuarto… Es que con ese peso no puede moverse, no puede ni parpadear, pero la sonrisa ahí todo el rato, mientras para dentro va diciendo que al año que viene va a ser la reina del carnaval, Rita la cantaora, si quiere, porque no piensa presentarse nunca más… Y mientras piensa eso, venga flashazos en la cara, y otra fotito, y luego cuando termina después de estar cinco horas y veinte minutos con todo eso, llega uno, y dice: “Ponte, que se quiere hacer una fotico el niño” … que un niño quiere hacerse una foto con la reina del carnaval, venga ya, si fuera vestida de superhéroe todavía, pero vestida de…, pero si es que no se sabe de qué van vestidos, yo creo que esos trajes los hacen con lo que sobra en los bazares de todo a euro, con un montón de plumas, y un bote de silicona para pegar, y hacen el disfraz de la reina o el rey del carnaval.

A mí decidme clásico, pero me gustan más los carnavales de los pueblos, esos en los que la gente se disfraza y el resto saben de qué va vestido. Que si uno de cura, pero no de cura raso, de obispo, con el chirimbolo ese en lo alto de la cabeza; otro de pastor moderno, con su pelliza de borrego, pero las gafas de sol modernas de macarra, que no lo ha hecho a posta, pero como no quiere que le vean los ojos después de la que lio la noche antes en el bar; luego llega la enfermera sexy, la demonia sexy, la monja sexy, de lo que sea pero sexy, es decir, estos son los disfraces que se gustan poner las chavalas más jovencitas, que además son diecinueve y van todas iguales, porque jo tía es que mola mazo ir todas de lo mismo. Sus amigos los chicos como son más simples que un mosto con gaseosa, se han pillado unas gafas de esas con nariz, una corbata hortera con goma, se lo plantan y ale, a dar berríos por las calles, además es curioso porque todo les hace gracia, uno grita, o hace una tontá, y todos los demás se parten de risa detrás, y así pueden estar las horas que hagan falta… Pero bueno, son días para que la gente se divierta y disfrute, tampoco nos vamos a poner ahora exquisitos, cada uno que se divierta como bien le venga en gana.

En cada sitio de nuestro país hay una tradición diferente en esto de los Carnavales, pero lo que todos tienen al final es el miércoles de ceniza.
Sí vas a misa, ves al cura, y como has visto a un colega disfrazado igual, le miras a la cara no vaya a ser que sea él, pero no. Pues llega este señor, coge de un cacharro un poco de ceniza y te lo planta encima de la cabeza, ahí es dónde yo voy sobrao, porque nunca pilla pelo y para quitarlo con simplemente pasar una toallita de esas de limpiar el culete de los niños, se va de miedo, no pueden decir lo mismo quienes alardean de pelazo, porque eso es polvillo y se mete entre los rizos y luego no hay quién lo saque de ahí. También lo que se repite en casi todos los sitios, es el entierro de la sardina, todos llorando detrás de una sardina, que a nadie le importan las sardinas el resto del año, y justo ese día les dan pena. Si tienes suerte, lo mismo hay alguna sardinada, que cierto es se están poniendo de moda en muchos sitios, con algún refresco, y/o alguna bota de vino que rula para allá y para acá. Ahí ya no nos dan tanta pena las sardinas, que cosas, las ponen al fuego y venga, se coloca encima de un pedazo de pan, con buena miga y para dentro y venga risas y cachondeo… No lo entiendo, son los mismos que hace un rato lloraban detrás de una sardina que se veía que era de cartón, hecha con las cajas que tiran en los supermercados, forradas de papel “Albal”, o bueno, de papel de aluminio por eso de no hacer propaganda de gratis. Si a la legua se ve que hasta las escamas son de mentira.

Pero bueno, las tradiciones no hay que perderlas y lo que hay que hacer es disfrutar, sea con careta, sin careta, con goma, o sin goma, no me queda más que decirles, que ustedes lo pasen bien.

 

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