NAVIDADES, EL RETORNO 

Una vez más, como las veces anteriores y para qué veáis que no soy pesado, vuelvo de nuevo a escribir más de un año después, y, casualmente el tema a tratar, momentos que vuelven con las Fiestas Navideñas.

Vuelven las comidas con los compañeros, amigos, familiares, a tomar vientos el colesterol, el ácido úrico y todo eso que llevamos un año cuidando por gusto o por prescripción médica en otros casos, hay que ver que queda bonito cuando usas alguna frase hecha que demuestra la riqueza de nuestro vocabulario y encuentras el momento apropiado para dejar constancia de ello, y para que los demás vean que eres una persona leída.

También y como no, las luces esas tan bonitas en algunos casos, que adornan y engalanan (ésta es también para dar fe de lo anterior, aunque no suelo usarla) nuestras calles y avenidas, y que no hay que confunfir con esas que están encima de un palo verde, que se llaman semáforos, porque de lo contrario vienen esos señores que velan por nuestra seguridad y te hacen polvo el dinero de los polvorones, los mantecados de Estepa, o de Mercadona y te toca pasar las fiestas en el mejor de los casos a base de peladillas, que son esas cosas blancas que hay en las bandejas de dulces navideños, pegadas al papel de plata que decora el recipiente en cuestión  (para más detalles lee otro post que me dió por escribir no sé si el año pasado o el otro antes).

Las San Silvestres, muy bien, hay que hacer deporte, nada de vida sedentaria (ésta venía creo cuando me dijeron lo del colesterol) pero coño, no se puede hacer cuando haga menos frío, que ves a los corredores escondidos dentro de un montón de capas que cual cebolletas se van quitando con el paso de los kilómetros y empiezan a ponerse las caras coloradas, luego a sudar, y luego ale, se acabó la carrera y a quién has dejado la chaqueta del chándal y la sudadera no viene a buscarte al final de la carrera, o no le ves fruto del cansancio lógico, y pum, a otro día malo, tosiendo y con muy pocas ganas de ver a los colegas y familiares para tomar un vinito y comer unas ricas viandas, y para rematarlo llega el gracioso que tenía tu chaqueta y te dice: “eso es que anoche cogiste frío”…  Claro que te darán ganas de matarle, pero y tú, para que no corres cuando haga bueno. Claro está que en la San Silvestre de verdad eso no pasa, pero claro es que tú te has gastado menos euros, y estás corriendo la de tu barrio, que probablemente no coincide con la de verdad. Eso sí las zapas que llevas son como las del que ganó la maratón de Nueva York hace tres años, de marca, con motivos que lucen en la oscuridad, y con cordones bien apretaditos también relucientes cuando les da la luz, para que no te pille un coche cuando vas corriendo y hay poca visibilidad, vamos, que es de noche. Me quedo con las carreras populares de pueblos con buenos bares y pinchos para cuando terminas, o bueno, cuando vas a verlo.

Se pueden tratar otros temas, pero de momento ya te has enterado de muchas cosas. No sé si escribiré antes, pero por si acaso Felices Fiestas, y ojito con los semáforos.

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